lunes, 8 de diciembre de 2008

Mi aventura de ser docente.

Después de leer a José M. Esteve me identifiqué con la forma en la que inició su labor docente y recordé el nerviosismo que sentí los primeros días, los silencios en clase que se me hacían eternos, cuando se me acababa el tema y no sabía ni de que hablar, el temor de no poder controlar y organizar al grupo. Yo pensaba que con dominar el tema sería suficiente pero no fue así, ni mi afán de ser como esos maestros que admiraba, creo que efectivamente aprendí a ser profesora por ensayo y error, y fui puliendo mi trabajo a través de cursos que se impartieron en el Plantel. Considero que para estar frente a grupo, es necesario, como lo sugiere Esteve, tener una identidad profesional, la cual vamos a lograr a través de especializarnos en el área pedagógica, también es necesario desarrollar nuevas formas de comunicación e interacción de tal forma que dejemos de utilizar mascaras y seamos nosotros mismos. En lo referente a la disciplina debemos aprender a definir funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar hasta lograr el trabajo en grupo, debemos adaptar los contenidos al nivel que se requiera y ocuparnos, en vez de de quejarnos, por el bajo nivel de nuestros alumnos, sólo así lograremos transformar nuestra práctica.
El ciclo de pensar y sentir y hacer y pensar…, pienso que es la mejor forma de retroalimentarnos de renovarnos, de salir de la monotonía del quehacer diario, es permitirnos ser humanos y ver a nuestros alumnos de igual forma. Todos los días deberíamos de cuestionamos sobre nuestra labor, sobre nuestros objetivos a alcanzar en cada clase, sobre lo importante que es contribuir a la formación de los jóvenes que un día serán nuestros gobernantes, doctores, licenciados, ingenieros, etc., y preguntarnos de qué manera estamos influyendo en ellos, realmente los estamos ayudando a ser personas competentes, a desarrollar habilidades para la vida.
Lo más importante en un salón de clases es despertar el interés en los jóvenes para que se superen, guiarlos y motivarlos para que logren sus metas. Uno de los fines que debemos de tener, todos los que trabajamos en la educación, es el hacer hasta lo imposible para que ningún joven trunque su preparatoria, debemos de abogar porque permanezcan en la escuela, ya que de esta manera tendrán mayores posibilidades de superarse.
Por todo lo que conlleva la educación, es algo que me apasiona, y considero que si queremos transformar naciones no va a ser a través de soldados o más policías, esto va a ocurrir cuando todos le apostemos a la educación y hagamos el esfuerzo por superarnos y realizar nuestro trabajo de manera profesional.

1 comentario:

Juana Luz dijo...

Graciela la educación necesita de la transformación que comentas en este texto, sería maravilloso que todos los que nos dedicamos a la docencia, nos apasionáramos aunque fuera un poco y sobre todo tomáramos la decisión hace un esfuerzo por la superación personal y la profesionalización de la actividad docente. Saludos Juana Luz